Tokio, fue abandonado en el patio de unos vecinos, poco a poco hicieron lo mismo con el resto de sus hermanos.
Durante meses, cuidamos de ellos y pasaron a formar parte de la colonia. Gracias a su buen carácter enseguida fueron aceptados pero también eran demasiado confiados, demasiado inocentes, no conocían los riesgos de vivir en la calle.
Tokio, prefería sentarse con nosotros para recibir mimos a comer y conforme fue cogiendo confianza con el entorno, empezó a meterse en demasiados líos.
En menos de 10 días: se pasó toda una tarde y parte de la noche, asustado en el patio de otros vecinos, sin saber cómo salir; otra tarde, atrapado en un árbol del que tuvimos que ayudarle a bajar cuando llegaron los dueños de la casa y a los pocos días, apareció sin casi poder andar.
Estaba claro que no podía seguir en la calle.
Ha pasado un año y vuelve a ser un gato feliz: es buenísimo, cariñoso, el primero en subirse encima cuando te sientas y el más loco jugando. 😻❤️
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