Doce años, han pasado entre estas fotos.
Llegó tan débil, que por momentos temía lo peor: aunque no lo parezca, era diminuto, entraba perfectamente en una mano, todo piel, huesos y mocos.
Los ojitos y nariz tapados por la infección, un atropello que le fracturó la unión con la cadera, por lo que su patita literalmente colgaba. Así, es la vida de muchos gaticos en la calle.
Brandon, tuvo suerte, fue visto, recogido, recibió cuidados, tratamiento y todo el amor del mundo.
Hoy, es un bello abuelito, con ligeras secuelas que recuerdan aquel duro comienzo.
¡ABUELITO! que raro se me hace decirlo, porque para mí, siempre serás aquel diminuto bebé que ronroneaba incluso al darle su medicación.
Por muchos años más, mi precioso Brandon ❤️🎉
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